Ni si quiera sé cómo empezar a narrar esta triste
historia... Yo solo era un niño de apenas 6 años, para ese entonces me creía
una persona fuerte, pienso que fue porque no sabía todo lo que me sucedería al
pasar el tiempo.
Vivía en Estados Unidos con mi madre y mi hermano
mayor en una casa muy humilde, y con una familia no muy numerosa. Mi padre se había
ido a Alemania hacía varios meses. Cuando me dijeron que se mudaría allí no
tenía ni la menor idea de lo que estaban hablando, pero como el niño que era,
no dije nada.
Mi madre nos despertaba todos los días con un
"buenos días hijos", y luego nos levantábamos, nos dirigíamos hacia
la cocina en la que nos esperaba un desayuno caliente para poder arrancar el
día. Constantemente preguntaba si había noticias de papá, pero siempre
escuchaba la misma respuesta: “Nada hijo, cuando sepa algo serás el primero en
enterarte”.
Todos los días esperaba con ansias que me dijera que
había noticias de él, pero siempre me llevaba la desilusión de que no se sabía
nada. Cuando me dirigía al colegio con mi hermano veía a todos mis compañeritos
de clase llegar con sus padres, entonces me preguntaban por qué nunca iba con mi
papá, a lo cual no sabía responder más que con “Porque está trabajando en otro
lugar”.
Fui creciendo sin saber nada de papá, ya no recordaba
su voz, sus hábitos, sus movimientos, ni siquiera su rostro. Siempre lo
intentaba recordar, pero todos esos intentos solo terminaban en un mar de
lágrimas.
Con 13 años mi madre me propuso irnos a vivir a
Alemania, para ese entonces yo no tenía idea
de lo que estaba hablando mamá, entonces comencé a empacar junto con mi
hermano, nunca me voy a olvidar de la cara de felicidad de ella, hasta el día
de hoy cuando recuerdo su rostro no puedo evitar derramar una que otra lágrima.
Aún hoy me acuerdo del momento en que llegamos a
Alemania, arribamos en barco al puerto de Hamburgo, luego tomamos algo parecido
a lo que hoy conozco como un taxi, nos alojamos en una casa un poco más grande
a la nuestra. Al llegar mamá me dijo: “Bienvenido a casa hijo”.
Una noche en la que no lograba dormirme, le pedí a mi
madre que me narrase una historia, y me contó
la historia de papá. Arrancó diciéndome que era un hombre muy apuesto, muy
buena persona, que nunca lo había visto hacer algo malo, pero por un motivo que
no quiso decirme, tuvo que venir a este país a trabajar. Tampoco quería decirme
en dónde trabajaba lo único que me dijo fue
algo de un campo que estaba cerrado. Por lo menos yo pensaba que ella me estaba
ocultando cosas; pero ahora con 33 años me di cuenta que mamá me estaba
diciendo la pura verdad, solo que yo todavía no me daba cuenta de la situación.
Pero al día siguiente de la noche en la cual me contó
toda la historia decidí preguntar sobre ese "campo" del que hablaba
mamá a mi maestra de colegio con la cual yo tenía más confianza.
Ese día mi vida cambió para siempre, me habló horrores
de ese lugar, en ningún momento me hubiera imaginado que papá llegaría a
trabajar allí. No me quedé de brazos cruzados, y le conté todo lo que me había
dicho mi maestra a mamá, y no tuvo otra opción que decirme la verdad, que en
realidad a papá lo habían engañado, le habían ofrecido un empleo en una fábrica,
con la condición que no podría salir de allí, y él sin saber aceptó, ya que
estábamos necesitando ese dinero. Lo que no sabíamos ninguno de los dos es que
se lo llevarían a trabajar como militar en un campo de concentración nazi.
Yo le insistía a mamá para que me llevase a conocer
ese lugar donde trabajaba papá pero ella me decía que era muy peligroso ya que
no dejaban pasar a nadie, y la única forma era infiltrarse, lo cual sonaba
divertido y no sabía la gravedad del asunto.
Un día mamá me levantó bien temprano, a las 4:00 am
para ser exacto, fuimos hasta el lugar y sin hacer ruido atravesamos los
grandes alambrados e ingresamos al lugar, el olor que provenía de allí no era
particularmente de mi agrado, se sentía como si abría una heladera con carne
que estuvo cerrada por años, la cual ya tendría la carne en muy mal estado.
Apenas ingresé ya
tenía una mala sensación, pero seguimos nuestro camino, ya habíamos logrado entrar,
pero era un buen momento para arrepentirse. Mis ganas de volver a ver a papá me
consumían, entonces continuamos. Estaba lleno de militares vigilando la zona,
pero ninguno era ni parecido a mi padre.
Nos quedamos escondidos detrás de una bolsa, no estaba
bien seguro de lo que contenía, pero tampoco tenía el entusiasmo de saberlo, luego
de eso llegué a ver algo que se acercaba a mí, y de inmediato se me debilitaron
las piernas y caí al suelo desmayado. Llegué a ver cómo mamá caía al suelo de
la misma manera.
Cuando me desperté tenía una bolsa en la cabeza,
también me di cuenta que mis manos estaban atadas cuando intenté levantarlas
para quitarme esa bolsa, un sujeto que yo no conocía me la quitó. Hice una
vista panorámica del lugar, todo estaba sucio y olía muy mal, no me imaginaba
cómo alguien podría trabajar en ese lugar. Delante de mí estaba mamá, también
con una bolsa en la cabeza; y ahí estaba él, pude distinguirlo de pie a cabeza,
su forma de caminar, su postura, su rostro... Era mi padre, portaba un arma,
otra persona le sacó la bolsa de la cabeza a mi madre y vi como mi padre apuntó
su arma contra la cabeza de mamá, cuando disparó sentí una presión en mi pecho
y rompí en llanto.
En un momento mi padre giró su cabeza y me miró, no
pude darme cuenta si supo que era yo, pero sentí su mirada, y hasta el día de
hoy sigo pensando que sí me reconoció.
Luego de esa situación me volvieron a poner un pañuelo
en la boca y nuevamente me desmayé, me comentaron que a los dos días desperté
en un hospital. Me interrogaron tres personas que parecían ser policías, yo
dije todo, desde que me había mudado hacía un tiempo a ese país hasta la
situación que pasé frente a mi padre.
Estos señores me llevaron a un orfanato, en búsqueda
de nuevos padres. Hoy vivo con dos hermosas personas a quienes jamás pude
llamar mamá y papá porque aún siento en lo profundo de mi ser que algún día mi
verdadero padre vendrá por mí.